miércoles, 13 de julio de 2011

Las Falacias de las Subvenciones y Ayudas del Gobierno

¡Es todo tan bonito! ¡Lo pintan tan bien! Cualquiera se anima a emprender una aventura empresarial en esta época de crisis viendo todas las facilidades que ponen desde las instituciones para que los jóvenes puedan montar sus propios negocios y de esta manera intentar relanzar nuestra economía con trabajo duro, como toda la vida.

Luego, la realidad es otra muy distinta, esos bonitos convenios entre instituciones y entidades bancarias "supuestamente sociales" resultan ser agujeros negros donde un jóven emprendedor puede quedarse tirado con suma facilidad, ya que es muy sencillo pasarse la pelota de unos a otros con tal de no soltar ni un euro.

Por otro lado está el ICO, un estupendo apoyo estatal que con mucha suerte, puedes tener disponible en menos de 5 o 6 meses, llegando seguramente cuando ya no haga falta. Y aunos intereses no tan buenos como ellos quieren hacer parecer.

Capítulo a parte merecen las entidades bancarias, que se piensan que la gente que tiene dinero para montar una empresa les va a ir a pedir a ellos un crédito porque sí, o sea, que si no tienes dinero no te lo dejamos. O mejor planteado al revés: Si yo tuviese dinero suficiente, ¿se lo iría a pedir prestado a un banco? Luego resulta que todavía hoy se siguen asignando primas escandalosas a altos directivos, por si no les llega para la cuota del Club de Golf o la segunda letra del yate que tienen atracado en Marbella.

Si aún después de todo este calvario, alguien sigue esperanzado confiando en las subvenciones, que tenga en cuenta que siempre se van a interpretar las bases de las mismas según convenga a la institución implicada, y casi nunca en favor del beneficiario final. Hay que leerse y releerse dos, tres o incluso cuatro veces (y si es posible, pedir terceras opiniones a profesionales del ramo legal) las bases reguladores para entender o supuestamente comprender lo que éstas solicitan (requisitos, plazos, y lo más importante, los importes concedidos y las condiciones obligatorias de éstos).

En esta situación, una solución puede ser la financiación particular a través de terceros, una solución viable, aunque no mucha gente se atreva con ella. Si ésta se encuentra regulada con un contrato privado y legal, no tiene por qué suponer un problema para quien decide invertir en una microempresa.

Este tipo de financiación tiene la ventaja de no depender de una entidad bancaria, la cual no te presta si no tienes, permite negociar todos los términos de la misma: plazos, cuotas, intereses, etc. y, algo muy importante, repercute en una relación más comprometida entre inversor y receptor. Todo depende de las cantidades que se necesiten y de encontrar al inversor adecuado, así como disponer de un estudio/dossier de la empresa en el que figuren la mayor cantidad de datos posible y quede claramente reflejado el potencial de la empresa y el equipo humano que la compone.

Bienvenidos a la Dura Realidad.

Ahora nos toca mover ficha a nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario